1. ¿Qué es la barrera cutánea?
La piel es nuestra primera defensa contra el medio externo. Esta compleja barrera defiende al cuerpo contra diversos ataques: ataques químicos, por sustancias tóxicas o alérgenos, ataques físicos que pueden ser mecánicos o, por ejemplo, relacionados con radiación ultravioleta (responsable del envejecimiento de la piel) así como de ataques microbiológicos, es decir por bacterias, virus u hongos.
La estructura y propiedades de nuestra piel como su grosor, la pérdida de agua transcutánea o la secreción de sebo varían de una zona del cuerpo a otra. Entre sus capas juega un papel fundamental el estrato córneo o estrato córneo que es la capa más externa de la piel.
2. ¿Cuáles son sus funciones?
Nuestra barrera cutánea asume cuatro funciones principales : protección física, química, microbiológica e inmunológica. Estas cuatro funciones interactúan para garantizar la estabilidad, la hidratación, evitar desequilibrios en el microbioma de la piel y reducir las reacciones inflamatorias de la piel.
Protección física
Esta protección la proporciona principalmente la primera capa de la piel llamada estrato córneo. Esto asegura la tirantez de la piel y limita la pérdida de agua transcutánea. Está compuesto por células muertas (corneocitos) unidas entre sí por proteínas especializadas (filagrina, corneodesmosomas, uniones estrechas) y lípidos (ácidos grasos, colesterol, ceramidas) que forman un cemento intercelular. Este sistema hace que la piel sea impermeable y menos permeable a los microorganismos patógenos (bacterias, virus u hongos).
Protección química
La protección química de la piel se compone, en particular, de lípidos (como el sebo) y de factores de hidratación naturales, que permiten mantener un pH ácido entre 4 y 6. Esta acidez frena el desarrollo de bacterias dañinas al tiempo que favorece procesos enzimáticos en la piel como la cornificación (mecanismo de renovación celular), la eliminación de células muertas y la síntesis de lípidos. Los queratinocitos también secretan péptidos antimicrobianos (defensinas, catelicidinas) que previenen el crecimiento de bacterias y gérmenes no deseados y activan las defensas inmunitarias de la piel.
Protección microbiológica
Nuestra piel alberga microorganismos (bacterias, hongos, virus) que residen y viven en armonía con ella. Su interacción con la barrera cutánea forma una defensa adicional contra los ataques. Desde el nacimiento, la piel es colonizada por microorganismos que evolucionan con el tiempo, con cambios notables durante la pubertad bajo el efecto de las hormonas y el aumento de la producción de sebo. este microbioma participa activamente en la protección de nuestro organismo evitando el desarrollo de microorganismos nocivos gracias, en particular, al mantenimiento del pH ácido. También estimula el sistema inmunológico de la piel.
Protección inmunológica
Finalmente, la piel tiene un sistema inmunológico incorporado. Las células inmunes, al interactuar con el microbioma, detectan amenazas externas y activan una respuesta inmune. Este sistema está compuesto por células residentes (células de Langherans, células dendríticas) que proporcionan inmunidad innata (reacción rápida a los intrusos) y adaptativa (respuesta más específica). Así, la piel reacciona y se adapta en función de las amenazas, manteniendo su equilibrio.
Puntos clave:
La barrera cutánea juega un papel esencial a la hora de protegernos de las agresiones externas y mantener el agua en nuestro organismo. Se basa en cuatro funciones principales: barrera física (estrato córneo y lípidos), química (pH ácido y péptidos antimicrobianos), microbiológica (microbioma de la piel) e inmune (células de Langerhans y células inmunitarias). En conjunto, estas funciones hacen de nuestra piel un extraordinario órgano de defensa, y mantener su integridad es esencial para una salud óptima de la piel.
